Peggy Guggenheim Collection

De paseo por Venecia y aprovechando la llegada de la primavera, mi idea era visitar la Pinault Foundation, la colección del archimillonario François Pinault, propietario del grupo LVMH (entre otras muchas cosas supongo) en Palazzo Grassi y Punta della Dogana. Pero cosas de la crisis o vete a saber qué, resulta que no abre sus puertas hasta el 10 de abril. 
Así pues, me conformé con ir a la Peggy Guggenheim Collection. Se trata de uno de esos museos íntimos y de dimensiones humanas, muy acogedor ya que al fin y al cabo estás visitando la que fuera residencia de la simpática (me la imagino así) Peggy.
El palazzo Venier dei Leoni (nombre del edificio) acoge su colección personal así como piezas de las colecciones Gianni Mattioli y Nasher.


 Palazzo Venier dei Leoni. Gran Canal, Venecia
De hecho esta última es una colección de esculturas que está expuesta en los jardines del palazzo y es por tanto lo primero que vemos cuando entramos en el museo.

Nos dan la bienvenida una obra de Jenny Holzer, un pequeño banco de mármol con la leyenda : Savor Kindness because cruelty is always possible later así como una videoinstalación de Fabrizio Plessi, Digital Fall II del 2009, una opción  para el que quiera un espectáculo acuático en el jardín de casa sin necesidad de instalar la típica fuente artificial y hortera.

video


Las esculturas del jardín van cambiando como toda colección que se precie. Recuerdo haber visto una escultura de Ulrich Rückriem que ya no está. La que nunca falta es la instalación de Mario Merz Se la forma scompare la sua radice è eterna, manifiesto en tubos de neón que va perdiendo su presencia por el efecto invasor de la hiedra, conjugando el artificio y la naturaleza.


Mario Merz. Se la forma scompare la sua radice è eterna, 1982-89.

El conjunto de esculturas son en su mayor parte de artistas de la mitad del siglo XX, Jean Arp, Giacometti, Henry Moore. Sorprende y mucho una escultura en cristal de Dan Graham, un juego de volumenes y espacio que juega con la percepción del espectador. No se si dejan pero me metí dentro de la obra, puesto que creo que es parte de la gracia...


Dan Graham. Triangular solid with circular inserts. 1989

Barry Flanagan también estaba presente con una pareja de esculturas muy eróticas, una especie de prepucios de mármol que evocaban un tacto muy blando. Esculturas blandas y conceptuales.

Barry Flanagan. H'Om. 2001


Alberto Giacometti. Femme qui marche. 1932
Jean Arp, Fruit amphore, 1946-51
En cuanto a la colección de Peggy Guggenheim cabe destacar su interesante fondo de pintura surrealista y en general piezas de los pintores y escultores más importantes del período de entreguerras.
Cabe recordar que Peggy era inicialmente bastante ignorante en cuanto al arte contemporáneo de su época (dicho por ella misma claro está) y que fue Marcel Duchamp quien la "educó" en tan apasionante materia. Duchamp lo hizo muy bien puesto que la colección muestra piezas de Paul Klee, Pevsner, Jean Arp, Alexander Calder, Mondrian y sobretodo (particular predilección la mía) dos esculturas de Brancusi que son una maravilla de las maravillas.


Constantin Brancusi. L'Oiseau dans l'espace. 1932-40. Foto:www.guggenheim-venice.it
 Aun así creo que lo que más vale la pena de toda la colección son aquellas piezas propiamente de coleccionista, rarezas, obras peculiares que Peggy tenía por el hecho de ser quien era, de ser una mecenas y amiga de los artistas más influyentes de aquella época.
Estoy hablando de obras como el cabecero de cama que le hizo Alexander Calder, una obra única y por encargo, que creo es una de las joyas de la colección. Por cierto que la Guggenheim era una gran coleccionista de pendientes y joyas, y Calder también le hizo alguna, así como Yves Tanguy. Quién pudiera...

Alexander Calder. Cabecero de cama. 1945-46. 
Foto: www.guggenheim-venice.it

Yves Tanguy. Pendientes para Peggy Guggenheim, 1938c. Foto: www.guggenheim-venice.it

En el que fuera salón del palacio todavía puede una sentarse en el sofá tipo Chester y observar la vista sobre el Gran Canal, con el Brancusi a la derecha y un Arp en la chimenea, ahí es nada.

Jean Arp. Soulier bleu renversé à deux talons, sous une voûte noire. 1925.
Foto: www.guggenheim-venice.it

Alexander Calder. Mobile, 1934. Mobil de Calder hecho de trozos de porcelona rota y cristal. Otra rareza de la colección Peggy Guggenheim. Foto: www.guggenheim-venice.it

Peggy Guggenheim se casó con Max Ernst, pintor Surrealista, que la verdad para una como yo, que lo del Surrealismo le cuesta un poco, no acabo de verle el qué. Pero en fin, la mujer como es normal le compró un montón de obras.


Max Ernst. La Toilette de la mariée. 1940. Foto: www.guggenheim-venice.it
En el piso inferior del museo es donde se encuentran ubicadas las obras del primer expresionismo abstracto. Digo primer, porque Peggy Guggenheim fue quien descubrió a Jackson Pollock y su colección cuenta con algún ejemplo de las primeras obras obras del pintor, cuando el dripping no había entrado en su universo creador. Evidentemente también se pueden ver obras del período más conocido del artista, pero debo decir que no me pareció muy buena idea exponerlas en una sala de tan reducido tamaño, tocándose las unas con las otras...
Otra pieza que me llamó la atención fue un Mark Rothko antes de Rothko, donde el color field es solo una intuición. Supongo que las obras de períodos anteriores a las etapas más conocidas de los artistas no suponen un reclamo demasiado potente, pero yo las encuentro más rebeladoras que las ya conocidas por todos.

Jackson Pollock. Bird effort, 1946. Un Pollock a caballo entre Picasso y el Surrealismo, antes del dripping.
Foto: www.guggenheim-venice.it
Mark Rothko. Sacrifice. 1946.
Foto: www.guggenheim-venice.it

Hacia 1950 Peggy Guggenheim decidió abandonar los EEUU y establecerse en Venecia, a lo largo de ese período entró en contacto con la escena artística italiana. No es que Italia fuera cuna de la avanguardia, sobretodo comparada con Nueva York, pero Peggy descubrió a dos talentos próximos a los postulados del expresionismo abstracto: Emilio Vedova y Tancredi.

Emilio Vedova, Città ostaggio, 1954
Foto: www.guggenheim-venice.it 

Tancredi. Paesaggio di spazio. 1951-52
Foto: www.guggenheim-venice.it 

Para finalizar la inmersión en el mundo de la Guggenheim, nada mejor que salir a la terraza que da sobre el Gran Canal, es un espectáculo en sí mismo, sin necesidad de obras de arte por en medio (aunque las hay).

Alexander Calder, Le Chien en trois couleurs, 1973

Uno se da cuenta de la existencia privilegiada y única que debió vivir la dama en cuestión. Para dar cuenta de ello se erige en las escaleras de acceso a la terraza-muelle, una escultura de Marino Marini, un hombre a caballo con un enorme pene que según cuenta la leyenda Peggy podía hacer cambiar de tamaño según le convenía. La anécdota es casi cierta pues el pene se podía desenrroscar en caso fuera necesario. Lástima que no lo probé.

Marino Marini, L'angelo della Città, 1948

Camila y el Arte

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