La realitat invocable en muestra en el MACBA

El arte no es la realidad, el arte no es la vida sino un producto mediatizado. Una exposición es una narración de algo, a veces una teatralización, sus elementos esenciales son el espacio, las obras y el público, una buena exposición es la que genera un equilibrio entre las tres partes.

La realitat invocable, vista general de la exposición. MACBA, 2014. Foto: Camilayelarte
Lutz Mommartz y John Smith, La realitat invocable. MACBA, 2014. Foto: Camilayelarte
Rafael G. Bianchi, La realitat invocable. MACBA, 2014. Foto: Camilayelarte

La realitat invocable, actualmente en muestra en el MACBA presenta una serie de artistas de distintas generaciones y contextos que utilizan la realidad como material de trabajo, algunos de ellos lo hacen denunciando sus abusos, otros reflexionando sobre su función mediática, y entre unos y otros pretenden cuestionar qué es la realidad y qué relación o incidencia tiene el arte en todo ello. El arte no es la realidad, no es la vida, lo vemos en la primera obra que nos recibe en las salas del MACBA, un vídeo de Lutz Mommartz, una ficción con voluntad de representar la realidad, un antecedente culto de Gran Hermano que nos permite asistir a los reproches más íntimos de una pareja. Parece real pero no lo es. Sin embargo lo que sí es real en una exposición es el público que acude al museo, paga la entrada e invierte una parte de su tiempo en conocer de qué va el arte contemporáneo y de qué hablan los artistas. Tras salir de la última sala de la exposición, La realitat invocable cierra el discurso con un diagrama en forma de epílogo donde se mencionan las principales ideas que dan forma al discurso expositivo y a las obras en muestra. Francamente creo que el epílogo debería funcionar como prólogo pues sin comunicado de prensa en mano o visita guiada con la comisaria, ni las obras ni el espacio consiguen el equilibrio con el público debido en parte a la falta de información disponible en la propia sala (no es así con el material disponible en la web).

Enric Farrés-Duran, La realitat invocable. MACBA, 2014. Foto: Camilayelarte
Phil Collins y la transcripción del guion, La realitat invocable. MACBA, 2014. Foto: Camilayelarte

Jeremy Deller, La realitat invocable. MACBA, 2014. Foto: Camilayelarte

Ante algunos de los proyectos en muestra no puedo evitar preguntarme si una exposición en el sentido clásico es el medio más indicado para mostrar la obra de los artistas. Si hay un arte que trabaja con la realidad tal vez su espacio para explicarse no sean las salas de un museo, no es necesario teatralizar una acción llevada a cabo en la realidad como es el caso de la obra de Mireia Sallarès que cierra la exposición. La puesta en escena de unas cajas de botellas ante la pantalla de vídeo con las vivencias de la caravana de la inmigrante Zahïa, junto con el proyecto incómodamente explicado a través de un proyector y las fotos de la recontextualización del cartel de la caravana acaban ficcionalizando la obra, es más ¿la realidad es la excusa para la puesta en escena formal de la obra o la puesta en escena es un mal necesario para que la realidad entre en la sala expositiva? Algo parecido le sucede al trabajo de Núria Güell, del que tanto eco se ha hecho los medios de comunicación. La creación de la cooperativa Ca l’Àfrica destinada a legalizar inmigrantes se explica en las salas del MACBA con un texto enmarcado en blanco sobre negro en referencia al propio título de la obra, formalmente cumple la función de una especie de pintura, la acompaña  un tríptico en papel publicitario. El blanco sobre negro en la historia del arte tiene un largo andar y aunque me gusta la ironía tal vez hubiese sido más radical prescindir definitivamente de lo formal.

Núria Güell, La realitat invocable. MACBA, 2014. Foto: Camilayelarte
Mireia Sallarès, La realitat invocable. MACBA, 2014. Foto: Camilayelarte
Epílogo que debiera servir de prólogo. La realitat invocable. MACBA, 2014. Foto: Camilayelarte

No estaría mal que los museos empezaran a experimentar  con  proyectos expositivos más sostenibles donde el archivo online ocupe el lugar que ahora tiene la sala de exposiciones, desarrollando un formato en el que el acceso a las obras y a su contenido sea más cómodo y factible por parte del público. Pongo por ejemplo una de las obas en muestra, un video de Phil Collins que dura una barbaridad de tiempo, los organizadores de la muestra sabiendo que es poco probable que el público le dedique el tiempo requerido apuesta por dejar a mano la transcripción del guión del vídeo que en teoría se puede hojear en la sala oscura donde se proyecta, ahora bien, muy buena tiene que ser una obra para que valga la pena perder la vista con ella, y la de Collins no es el caso. 
Así pues, si una exposición no tiene la capacidad de explicarse mínimamente por sí misma sin mediadores, sencillamente porque la naturaleza de las obras que pone en muestra no lo buscan ni lo pretenden, si tampoco es necesaria la experiencia sensorial, si no es un placer para la vista ni para las piernas, si no necesitamos vivirla físicamente, entonces tal vez sea más conveniente inventar otros medios con los que analizar y divulgar su trabajo. La exposición que se ha podido ver esta primavera en la Fundació Tàpies, Allan Kaprow. Altres maneres, aborda la dificultad de poner en muestra la obra de un artista que quiso eliminar las fronteras entre el arte y la vida con un resultado más que acertado. Creo sinceramente que con un archivo on-line y un buen canal de YouTube, la realidad hubiese quedado mejor invocada que en las oscuras y desangeladas salas del MACBA.

La Realitat Invocable 
9 de abril - 31 agosto 2014
MACBA
Plaça del Àngels, Barcelona
Precio: 10€



Camila y el Arte

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